NUEVOS POEMAS

Ensenada 2012 150

OCASO

Una sábana tendida se raja por mil sitios,

bajo un cielo ajedrezado.

Un coso blanco de pañuelos

que se agitan con vehemencia,

piden clemencia a gritos

para un sol que no será indultado.

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fuerteventura

FUERTEVENTURA

Puñal de sal.

Guadaña que siega una desolación.

Víctima de muerte natural.

Ardiente pedregal incinerado

por donde anduvo

en círculos concéntricos

un Unamuno desasosegado.

Un secarral en medio del océano

y en su mismo corazón,

clavada una palmera como un dardo.

Isla de luz, de nívea luz azul

sin horizonte

desesperada luz que baña, abrasadora,

la arcana clarividencia de las piedras.

Un despropósito de lluvia,

un destierro en el ‘miedo’ de la nada.

Un andar que certifica con su peso

el paso de la historia por la vida.

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HOY

Hoy he desheredado a todos mis amigos.

también he dimitido de todos mis proyectos

y romances, profundos y fugaces.

La familia me ha sido, cruelmente enajenada.

Todo lo que tenía lo he tirado al barranco.

Y así, sin peso

ni roces ni recuerdos,

sin ningún ligamento

he salido a la calle

a empaparme de lluvia

a caminar tan solo

a sentir que estoy sola

para sentirme viva.

Antes de que se enciendan las luciérnagas

y al firmamento le brote un sarpullido

Habré cruzado en rojo,

robado en grandes almacenes,

me habré hecho donante de mis buenos propósitos

y cometido el crimen de haberme asesinado.

mendigoLLANTO

… Y un llanto de hoja perenne

me va cubriendo toda

como la hiedra la tapia del cementerio.

He llorado con ellos,

con el del otro día y con el de mañana.

me siento en el suelo a su lado

y también extiendo la mano,

cada vez un poco menos tímidamente,

pero no nos hablamos

no al menos de momento

Al cabo de una hora,

o sesenta minutos

le digo silenciosa,

“Vamos a tomar algo”

y agacha la mirada,

como si eso aún fuera posible,

hasta hacerse pequeño, diminuto,

tanto, que yo debo caberle en un bolsillo.

Der Arme PoetLAS PERSONAS NORMALES

Las personas normales no escriben poesía.

Solo escriben poemas los enfermos.

Los mejores poemas los han escrito, siempre,

quienes tienen la salud quebrantada.

Ser poeta es tener vocación de enfermo permanente

de un mal sin cura y sin remedio.

rocíoROCÍO

Rocío,

mirada verde como mi esperanza.

Rocío,

lamento frío de mi desesperanza.

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SIN TÍTULO

Me acuso de una enfermedad mortal de necesidad

la crónica dolencia del mendigo.

Sombras espesas como tesis

(y que provocan idéntico dolor en la cabeza)

salen de los rincones a la acera

y hacen como que no me ven.

Son solo sombras.

Pero no. Yo sé que en cada una

se esconde una persona

tal vez un individuo que tiene prisa y miedo,

hastío de vivir, una hipoteca, un hijo enfermo,

una lista de bodas o de espera.

Yo los tuve también.

A veces lo recuerdo.

Pero hace tanto ya que casi se me olvida.

Ya no vale la pena.

Son (como quien dice) pensamientos que valen

lo que vale el periódico de ayer,

son de otro tiempo,

de cuando la peseta.

En este huequecito no noto la humedad.

Si al menos este otoño tuviera un poco de piedad

y un rayo de sol iluminara la acera

levemente, como un soplido o el vuelo de un mosquito

quizá así los huesos, estos calamitosos huesos míos

tendrían su ración diaria de sosiego.

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paperman-img

QUÉ BONITO SERÍA…

Si esta jaqueca fuera un poco más intermitente.

Si el insomnio no tuviera un aliado en mi cama.

Si las neuronas dimitiesen a ratos.

Si todo el cloroformo se aspirase de golpe.

Si las mañanas fueran algo más benevolentes.

Si las nubes no estuvieran tan lejos.

Si las lágrimas no se descarriasen

y obedientes cedieran sin inundarlo todo.

Si la cama tuviera los límites marcados.

Si el teclado dejara de taladrarme duro

con su terca fijación de Black and Decker,

Si eso fuera posible…

Si amaneciese y fuera capaz de levantarme

y no recordase nada ni nada me importase.

Si la angustia no me hiciera vomitar la tostada.

Si el desaliento no me asaltase al poner el pie a tierra.

Si las pestañas no se desbaratasen.

Si encender un pitillo no me costase un triunfo.

Si el café con leche bebiera limpiamente,

Si las manos no estuvieran tan sucias.

Si al mirarme al espejo no se hiciera pedazos.

Si no atesorase ni un solo pensamiento

ni ninguno de mis sueños,

entonces…

qué bueno que sería,

sería hasta bonito…

peinarse pulcramente con la raya partida

darse brillo en los labios

color en las mejillas.

rizarse las pestañas

ponerse, antes los calcetines y luego los zapatos

y salir por la puerta para ir a la oficina.

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ella en un charcoCHARCOS

Me he sentado a desayunar y me he pedido un whisky

mientras el cielo de Levante se enfurece.

La lluvia junto al mar es un poco más torpe,

se enreda en las palmeras

y en los columpios,

en las altas farolas de la autopista

y en los mástiles de los barcos amarrados.

Lo invisible hoy se hace patente

y el mar levanta olas como una polvareda.

Yo recuerdo mi último cumpleaños

y el whisky me lo bebo de un trago.

Cuando el cielo se desploma

no hay nada más inútil que un paraguas.

Finalmente abandono los zapatos en la acera

y camino a lo largo de la calle mojada

sin evitar los charcos.

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elogio-de-benidorm-el-gran-invento-del-turismo-espanol-firma-otro-verano-de-exitoBENIDORM

Hay en la costa de Alicante

una pequeña Manhattan,

murciélago de alas despegadas

por la que suspiraron barbarrojas hambrientos

saqueándola, antes que a ninguna.

Doncella emputecida

dejándose querer hace ya décadas,

narcotizada,

mientras con trapos de oro falso se cubre las vergüenzas,

mientras huertanos convertidos en traficantes

en connivencia con banqueros pretenciosos y ridículos

pusieron en marcha el plan devastador

cuando no se había inventado aún el medioambiente.

La mariposa aquella de alas extendidas

que abarcaba arenas de turrón interminables,

se ha abierto de piernas para que la penetren

terroríficas máquinas,

dragones que escupen ladrillos y cemento.

Monstruos devoradores de todo el matorral mediterráneo,

por donde ya no balan ni las cabras.

Frente a su joyero de zafiro

se alzan rascacielos que compiten con la noche estelar,

Ciudad rutilante y oscura.

de estrepitosos anuncios y reclamos.

Una sopa de letras sus aceras.

Ni el arcoíris mas descolorido

tiene valor para asomarse.

Paraíso de ocasión donde todo el que quiso tuvo

su destierro, su oportunidad,

su minuto de gloria, su declive.

Miles de sudorosos padres de familia adquirieron

su plaza en la colmena,

donde regresar cada verano y fiestas de guardar

con permiso del calendario.

Costa proletaria para familias numerosas y jubilados con carnet.

Puta auténtica con vocación de puta.

que se entrega, solícita a cualquiera que pague su tarifa.

Gitanos, cubanos, traficantes,

miríadas de chinos silenciosos que ensanchan

su horizonte de neo-capitalistas,

rumanos avarientos en harapos,

africanos profundos y diversos.

El estado ideal de los ociosos,

de los estafadores con corbata,

de terno azul marino

y manos que gobiernan 130 caballos.

Concejales de quienes se conocen a gritos sus pecados.

De alcaldes maniatados, cautivos,

grandes representantes de la farsa.

Y aún en este escenario donde la Bella y la Bestia

saludan a sus invitados con fingida cortesía,

el olor del jazmín no se ha corrompido.

Aún aquí quedan dulces naranjas mecidas en una caracola.

Y sobrevuelan sus tejados

cometas entretejidas con sueños fugaces

de pacíficos guerreros que buscan su bien sin mal ajeno.

Caminantes que no tienen la culpa,

disciplinados drogodependientes necesitados de afecto o de sol

o de ambas cosas.

Y una luz muy clara se va espesando

hasta darle consistencia al día

y la línea del cielo me recuerda

a la urbe neoyorquina pero sin sus ardillas ni su olor a desagüe.

Hay en la costa alicantina

un pequeño Manhattan.

Mariposa de arena de desplegadas alas

que se deja querer por el mar más cobarde.

Las gaviotas gimiendo como niños

sobrevuelan pertinaces nuestros cadáveres.

Estamos sobre las arenas de Jijona, tendidos de cuerpo presente.

También los pensamientos, el sol los evapora

y sólo somos carne que se amojama al tibio sol expuesta.

Así llega el otoño, pero el sol no se apaga.

El aire se deshace y las olas no emigran.

Cambia todo y todo permanece.

Es, en esa quietud, que estamos como helechos a la orilla del río,

escarchados después de que el frío de la noche nos besara de golpe.

No puede nada romper su encantamiento.

Viene gente nueva en otoño.

gente que no conozco,

que no sabe que existo,

que a lo mejor no existe.

Son seres que se mueven,

caminan en hileras,

buscan calor humano y duermen en enjambres.

Parecen muñequitos.

les veo, les sigo con la vista,

intento retenerlos pero no se detienen:

autómatas humanos,

mecánicos juguetes  activados con pilas desechables.

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CADÁVER EXQUISITO

La vida petrificada se detiene

la boca ya no llora, el oído ciego

ya no respira el ojo, el pie no siente,

se han cuajado las venas y el cerebro.

Ha ocurrido el misterio inanimado

donde iniciar la vida que no es vida.

Ha venido a ganarte la partida

la putrefacta muerte, por la mano.

La misteriosa dama

bajo su parasol en forma de guadaña

se guarece.

Taciturna ramera que te otorga

el beso helado de su boca marchita,

su aliento anestésico que transforma

en momia la carne del valiente

y al cobarde en sombra.

El corazón que fue tu mecanismo

impulsor del pálpito de vida

desconectado ha sido de su ritmo

con alevosa intención, sin tu permiso.

Eres ya un bonito cadáver ceniciento

a quien sus allegados llorarán un día,

puede que dos, para ser olvidado

cada mes algo más, por tu genealogía.

Ya eres tú sin ser tú, ni lo que fuiste,

expuesto cual ofrenda en catafalco.

Las flores que te rodean dicen que te moriste,

se ha bajado el telón al tercer acto.

Un velo de madera te cubre las pestañas,

una cruz, un responso, una música vaga

por la megafonía, de Bach un oratorio

dará un ambiente cultivado al tanatorio.

Digo que los cadáveres hermosos

con su tono empolvado me recuerdan

todos recién finados a las fotos

en macilentos álbumes expuestas.

La extrañeza me deja boquiabierta.

Soy un pez en este velatorio.

Huele de pronto a flores, será que

te reciben allá donde quiera que vayas,

con una bienvenida o una fiesta.

Sí, ya sé que es reiterativo, letaníaco

repetir las palabras desgastadas

que no te importan ni aclaran tu partida.

Fue tu momento: no se puede hacer nada.

Pero si en vez de pensar que a por tí

una esquelética novia despechada

ha venido a reclamarte o a que le rindas cuentas,

pienso que un hada muy dulce,

con pie minúsculo y ropas rumorosas

ha descendido hasta aquí

y que con su varita la frente te ha tocado

y en su hechizo magnético te ha sobrevenido el sueño

y no te has muerto.

Es solo que ahora… estás al otro lado.

Que como Lewis Carroll hiciera con su Alicia

también un cuento de aventuras sin cuento tú iniciaras,

al traspasar, como traspasan la piel los alfileres,

el espejo del porvenir.

Entonces, decirte, “hasta la vista”

sería más llevadero,

“nos vemos a tu vuelta” o simplemente “hasta luego”.

Exquisito cadáver que beso, relamiendo

con acento en tus seráficas manos, hoy artríticas,

tus sienes, tu paladar avinagrado y seco.

tus omoplatos y hasta tus costillas.

Tu estómago, nido ya de microbios devorantes

como enjambre avariento te llena.

Beso tus flacos pies de barro,

tus doloridas arrugadas rodillas,

tu sexo que otrora fuese amante, 

tu recuerdo y tu fotografía.

Beso el niño que fuiste

el que obediente iba cada día a los hermanos maristas

El que se escapó a jugar a los billares

Aquel que en el recreo, jamás el bocadillo se comía.

Beso al adolescente rufián y tarambana

herido de amor correspondido

perplejo al descubrir la vocación temprana,

zarandeado y por la vida herido,

aquel muchacho que iba siempre a por todas

malgastando la vida y la sonrisa.

Beso al hombre en que te has convertido.

El que me tropecé un frío de febrero

el que una ristra de años ha sido mi marido,

al que estoy despidiendo con el alma en cueros.

Has pasado los años de viaje.

La música hinchaba tus pulmones

el escenario ha sido tu equipaje.

Las mesas de sonido, tus amores.

Beso la eternidad que te codicia.

beso la noche que empieza a ser oscura,

beso la puerta y beso el picaporte

que conserva en su metálica piel tu huella última.

Como en tu plato y lamo tu cuchara

me abrocho tu cinturón y tu camisa,

me calzo tus zapatos y tus gafas.

Me pongo tu colonia e imito tu sonrisa.

Me acuesto sola en tu lado de la cama.

dormiré a medias una siesta sin ti.

Pagaré muy caros los platos que rompimos.

Mi piel durante un tiempo tendrá sabor a ti.

Querencia de tu tacto y tus huellas dactilares,

La papelera atiborrada de secretos rotos.

Opulencia y derroche, la nevera vacía.

Amo tus cicatrices, recuerdo tus lunares.

Huérfanas ya las paredes de tus fotos.

El pan con tomate ya no sabrá lo mismo,

el café de la tarde, las cenas a deshora,

el crucigrama a medias de El País los domingos

el sexo madrugado y los chistes idiotas.

Tus huérfanas amantes se han de sentir tan solas…

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cuchilloBasta   ( maltrato )

(El brillo de la plata agujereando el aire condensa los alientos.

el miedo se hace espeso, abulta y se concentra,

se torna sangre y víscera

se troca en alimaña,

ya no oye ni atiende al miedo del de enfrente).

Cuando brota untuosa la savia

que desgarran, infames, los crueles colmillos,

algo muy hondamente

fluye hasta el córtex mismo:

neurona incandescente que despierta de golpe.

– Yo digo: ¡basta!

Tu voraz apetito se convertirá en nada

Tus golpes repetidos no me doblegarán.

Sale indemne mi orgullo,

escupo ante tus fauces.

Mi muerte presentida no va a ser tu trofeo,

pues no te lo mereces,

pues no me lo merezco.

La presa malherida hace frente al verdugo

se apodera del látigo,

rompe en dos el puñal.

– No temeré más tu mano levantada.

Tu puño en mi mejilla,

ni me corroerá el ácido de tu boca escupiéndome.

– Hoy salgo victoriosa,

el sol de esta jornada no va a apagarse nunca.

Clamo por lo que es mío,

y vivo… no solo sobrevivo.

Vivo, enfatizando que el amor es hermoso,

que vivir es una acto de justicia infinita,

de amor hacia mí misma.

Y vivo, vivo, vivo.

CHOPIN

La música tísica de un nocturno

o de una polonesa…

desfalleciente, (desfallecida)

se abre paso hasta alcanzar mi alma.

Siento que me la estoy tragando,

entra a través de mí

como si yo fuera de papel

y ella de agua.

En tanto que las notas hacen vibrar el aire

invisible corriente se expande por la sala,

mi cuerpo aspira de forma literal

todas y cada una,

las respiro, (las metabolizo)

están diseminadas en mi flujo sanguíneo,

he podido sentir como un re sostenido

ha aparcado en el córtex occipital derecho

y una semicorchea con magistral puntería

me ha sido disparada, certera, al corazón

provocándome una muerte instantánea.

TENGO EL CORAZÓN

Tengo el corazón de una niña

en mi mano.

Me lo ha dado ella

envuelto en su pañuelo.

No lo dejo caer,

lo tengo bien sujeto,

solo que a mi pesar,

no sé que hacer con él.

Observo su bombeo,

metronómico ritmo.

Mis manos lo sostienen

como quien tiene un ave,

un pájaro pequeño

que cabe entre mis dedos

tibiamente se agita

con suma autonomía.

Estoy yo como él

temblando suavemente.

-Ten, tómalo.

Me ha dicho,

mientras me lo entregaba.

– Debes guardarlo tú, pues él te pertenece.

No entiendo qué hago, ahora…

si es que puedo (debo) hacer algo.

Quién me mandará a mí meterme en estas cosas.

Lo pondré en una caja, bien forrada de seda

y la colocaré sobre la chimenea,

donde ese calor de las llamas tan vivas

lo mantendrá despierto sin detención posible.

Si no, lo meteré en una vaso transparente,

una copa de vidrio finamente tallada

que dejaré muy cerca de la ventana abierta

para que un sol rotundo lo siga calentando.
O mejor aún, lo llevaré a mi cama,

y allí lo arroparé para que no se muera

y sienta mi calor y el olor de mi cuerpo,

de mi pelo, tan intenso, tan cerca.

Otra posibilidad es ponerlo en un joyero

de vetas de alabastro y cierre con llavín.

Como una alhaja guardarlo en el armario

o ponerlo encima de la cómoda con las cosas valiosas.

Por más que me concentro,

no logro encontrarle lugar definitivo.

Luego, después de darle vueltas,

me perece más sensato lo que ahora relato,

Creo que, mejor, me lo voy a comer.

Sí, me voy a alimentar de este músculo rojo,

lo voy a masticar parsimoniosamente,

latente cucurucho que voy a devorar

con maternal delicadeza.

Y frente a esta inquietud,

me asalta un pensamiento.

Lo pondré junto al mío ¡claro!

Eso tengo que hacer.

Rajarme el pecho en dos,

abrirme con las manos un hueco aquí, en el centro,

en el centro del tórax, en el centro del alma

y colocarlo ahí, para que latan juntos

en esa certidumbre de que he obrado en conciencia.

Tengo dos corazones, el tuyo junto al mío

me alimentan los dos buenamente hermanados

los voy a dejar que ahí sigan viviendo,

dándose fuerza el uno al otro.

Mi cuerpo es un clamor, no hay órgano ni célula,

ni fluido que no se enorgullezca de su tic-tac preciso.

He dado con el mejor de los destinos posibles.

Así tú serás yo, yo seré tú por siempre.

Así tú ya eres yo, yo soy tú para siempre.

PALABRAS

Palabras dichas, pronunciadas.

Unidades pequeñitas,

palabras tintineantes,

cuentas de un collar deshecho contra el suelo.

Palabras malabares, imperiosas, pertinaces,

inconscientes, pudorosas, con matices.

Palabras insolentes, delicadas.

Palabras que chorrean,

que gotean un rosario de acepciones.

Inequívoca palabra que somete, contundente.
Palabras espinosas,

crucigramas de vocablos ascendentes.

Palabras que me miran compasivas, despiadadas

desde el blanco donde yacen.

Asesinas, me fulminan y se ríen de cuanto escribo.

Cuando escribo, escrutan insidiosas,

me maldicen, recriminan y pervierten.

Me solazan, me sosiegan,

insolentes se retuercen.

De repente, resplandecen.

Palabras, como peces siempre en fuga,

las atrapo, tercamente, en la red

que mi cerebro va tejiendo.

Es mi mano quien las vierte,

las subvierte, las convierte.

Me divierte

Es mi ojo el que las lee,

mi voz la que les da aire,

mi inconsciencia las destruye, prostituye,

resucita

Buscando siempre su alma.

Mi voluntad quien las salva.

Palabras, solo palabras.

2 Comentarios

  1. escribiste unos poemas preciosos. me han gustado especialmente el de ‘personas normales’ y el de ‘qué bonito sería’. el eroccionario está genial. estudié en un colegio del opus, donde transmitían unas idas muy equivocadas sobre la sexualidad.
    besos!

    Le gusta a 1 persona

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