Little Haití

Había buganvillas explosivas y un arroyo fétido.

Gente que hablaba a gritos en un idioma desconocido.

Había Iglesias de siete credos,

ocupadas todas por gente de color con creencias animistas.

Casas de compraventa de ropa y de zapatos usados.

Y de neumáticos de segunda mano.

Había un olor irrespirable en un autobús atestado,

con el aire acondicionado funcionando como si fuera una nevera.

Guardias con pistolas y una vía del tren que partía en dos mitades

la tierra prometida y la de la desesperanza.

Había color, borrachos, almas perdidas en las paradas de autobuses

y drogados a conciencia y sin conciencia.

Había miedo, asco y hastío en cada rostro.

Estupor y compasión en el mío.

Todo eso había en Little Haití,

un lugar perdido dentro de un mundo perdido llamado Miami.

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