Hija

A Claudia Rodríguez

                                                 (pero ella aún no lo sabe)

HIJA

¿la palabra más hermosa en nuestro idioma?

Hija.

Hija, sí.

Lo llena todo, sale del alma.

Es fuerte, con la fuerza del grito.

Yo te afirmo. Me afirmo.

Contundente.

La maza contra el yunque.

Delicada en susurro…

Una verdad entera.

Una risa en ella.

Un cascabel.

 

Tu me das esa fuerza. Eres más fuerte que yo.

Más valiente que yo.

Más poderosa.

Yo sólo soy tu madre. Si tu me faltas, ya no soy.

¿Lo ves?

Tienes que estar ahí, para afianzarme,

para apuntalarme.

Sin ti me derrumbo como pared sin acabar.

 

Arena mojada que construye castillos,

eres esa niña que trabaja aplicada en la playa,

cubo y pala, herramienta o juguete,

y tu ahínco y el empeño de tus manitas, lo hacen todo,

porque lo pueden todo.

Haces el mundo cada día y lo deshaces,

caprichosa y bendita, como el agua salada del mar Mediterráneo,

que te besa los pies mientras jugáis al “corre, corre que te pillo”.

 

Tu mirada es mi ordenador,

lo dispone todo, es mi pantalla y así veo lo que no te imaginas…

Roca. Hierro. Ascua encendida.

Aliento. Respiración fundamental.

El centro, el astro rey,

la noche entera,

el amanecer nuestro de cada día.

Gracias te doy,

Todo eres tu. Nada soy yo.

Somos las dos.

 

Hija,

existencia revelada,

afirmación de la naturaleza,

Fluir de lluvia entre las hojas,

agua que escapa,

busca su camino entre piedras y árboles del bosque,

cuesta abajo.

Es tu propia gravedad la que te guía,

tu sendero y el mío lo trazas cada día.

Amaneces y despiertas al mundo dormido hasta ese instante,

hasta ese mismo instante que abres los ojos,

para alumbrarme,

y es como si todo se pusiera en movimiento,

como si tu fuerza fuera la fuerza que necesita la Tierra para girar,

la cafetera para funcionar,

el radiador para calentar,

la planta para crecer.

 

Contigo el Universo se me ha metido dentro.

Yo respiro y doy gracias y sigo respirando.

Inhalando con fuerza el olor de la tierra,

del aire atormentado,

del calor del verano,

oxígeno sanador del bosque verde oscuro.

Y todos los aires,

todos los olores y sabores,

todos los colores y materias,

me llenan el cerebro y me hermanan contigo y con la esencia.

 

Me busco y te tengo.

Qué afortunada soy, sí, hija,

de que seas mi hija y yo tu madre,

de que seas mi madre y yo tu hija,.

 

 

 Ana Bataller 

Noviembre 2013.

 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s