Cuando todo era fácil

Cuando todo era fácil,

sobre la adolescencia más o menos,

nos mirábamos mucho,

con las manos abiertas.

Nada teníamos, todo sobraba.

La eternidad, una mera palabra,

Desobedecer, un mandato íntimo.

Fumar, blasfemar, mentir y aparentar,

de eso se trataba, más o menos.

Jugábamos a ser valientes.

Puros y necios, pero valientes,

Sin haber cumplido aún los dieciocho. 

Tardamos mucho en percatarnos 

 que la vida era un mundo cerrado,

con sus reglas y sus contradicciones. 

sus horarios y tardes de tormenta.

Nos dábamos la mano, apretando bien fuerte

para no perdernos entre la multitud.

Éramos  dos y andábamos con miedo.

Ese miedo irracional de no saber avanzar sin caerse,

Pero juntos, para confortarnos

en las tardes siniestras.

Tardábamos horas hasta atrevernos,

a besarnos los labios, 

a desabrochar torpemente un botón más de la camisa,

con las manos ardiendo y las sienes muy frías.

Hoy recuerdo aquellas tardes

y no me reconozco.

No me llevé a la muchacha que fui a ninguna parte.

se quedó alli, pasmada,  expectante. 

Incapaz de atreverse con un botón más,

una hora más, una caricia más, un desafío más.

Cuando el universo era un nido,

nada presagiaba un mañana turbio, 

 y estrenábamos  ilusiones cada día.

Parece mentira que añore esa pulsión adolescente

de no saber casi nada y aspirar el aire vorazmente.

De anhelarlo todo y no haber contraído deudas todavía.

De satisfacernos con tan poca cosa.

Cómo me gustaría volver a una de esas tardes

donde éramos uno y éramos felices.

El futuro entero se nos metía dentro,

y nada era imposible.

Aunque nada tenía demasiado sentido.

Aquella demora, aquel temblor primario,

aquellas sacudidas en el fondo del alma,

el sabor de la sangre, metálico y

caliente de morderse tan fuerte.

Cómo añoro aquel azoramiento.

cuando tenía la vida por delante

 y nada que perder.

Ahora que he vivido,

que soy una mujer más o menos derecha,

y no me tiembla el pulso al desabrochar la camisa de un hombre.

Ahora que fumo y bebo,

y hasta intento dejarlo,

ahora que soy mundana y tuve una ristra de amantes,

ahora que sé lo que es amar y que te amen,

odiar y que te odien,

ahora que ya puedo perderlo casi todo,

quiero afirmar,

que esos días lejanos

son un rincón verdaderamente ansiado

para refugiarse cuando la vida escuece.

Como la cama acogedora y blanda que improvisábamos

con una vieja manta, o un montón de paja amontonada,

con sábanas robadas o prestadas,

con nuestros jerséis y nuestros anoraks,

Aquel refugio es mi arcadia,

el lugar donde sueño volver una y otra vez,

cuando todo va mal o no va tan bien.

Y vuelvo a encontrarme aturdida e ingenua,

vestida de una simplicidad que me conmueve,

porque éramos dos y estábamos de acuerdo,

ensayando cómo avanzar a tientas por la vida,

sacudiéndonos el polvo de nuestros zapatos.

La vida deseada cabe en un minuto o un poema.

Volver a donde empezó todo:

la pasión, el dolor, el amor, la amargura, el rencor, el silencio. 

Nada era ficción e irradiábamos un fulgor adolescente

en nuestra mirada y nuestros pensamientos.

Ven a mí, oh muchacha dulce y cruel

que ensayabas ante el mundo tu futuro sin sueño.

No me dejes a oscuras, alumbra mi tiniebla

para que pueda vencer el estrépito de esta explosión  descontrolada 

en la que me va envolviendo la vida como un presagio.

Déjame sentir la fascinación de aquella primera vez,

escribiendo para mí, sin público y sin expectativas.

Tú y yo a solas, dando de comer a los peces del estanque, 

migas de pan caliente.

Cuando todo era fácil, pacífico y pequeño,

cuando la lluvia y el sol eran la misma bendición.

Cuando había amor sin saber que era amor.

Volver a encontrarte de nuevo. 

Besarnos los labios hasta hacerlos sangrar.

Dame otra vez tu mano,  en la adversidad

y descúbreme lo tímida que una vez fui.

Déjame ahí un rato, para recargarme como una batería,

para volver luego, maquillada y perfecta a la vida real,

al patio de butacas, al estreno con fotos

con esa fuerza que da saber que hay un lugar,

paraíso feliz, una isla en el mar de los náufragos,

donde buscar refugio y guarecerse

sólo  con soñarlo intensamente.

Para Cecilia Roth

  •   27 Julio 2108

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