Feminismo y opiniones disonantes

 

No voy a ser yo la que enmiende la plana a las intelectuales francesas ni, desde luego, la que ponga en duda la veracidad y la eficacia del movimiento  #Metoo# en Estados Unidos. Lo que quiero explicar es porqué el feminismo no debe saltar a la defensiva como un único bloque cuando alguien dentro del movimiento expresa una opinión disonante. 

Las francesas del manifiesto son periodistas, actrices y profesionales en distintos ámbitos y no me parecen personas desinformadas ni mucho menos antifeministas. Lo que sí veo es las diferencias abismales entre las sociedades francesas y americana y en esas diferencias se asientan sus diferentes opiniones.

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A la sociedad francesa y sus mujeres en particular les ha dado valor haber participado en una revolución social acaecida en 1968, en la que las estudiantes se echaron a la calle para reivindicar su libertad frente al patriarcado, incluyendo su libertad sexual, su igualdad, mano una mano con los hombres y su solidaridad con los trabajadores de renault y citroen, a los que acompañaron en sus reivindicaciones laborales y sociales. Gritaron consignas sobre la libertad de sus cuerpos y abanderaron la causa de su sexualidad en manifestaciones y manifiestos, en esa época convulsa que trajo tantos y tan importantes cambios. Pero es que antes, antes de que llegara ese tiempo de locura y agitación, el pueblo francés ya había pasado por una Revolución con mayúscula, la de 1789 en la que la gran masa social sin derechos ni privilegios y de la cual la mitad eran mujeres, promovió una revolución en la que las consignas de libertad, igualdad y fraternidad todavía resuenan. Una revolución que abolió la monarquía y los privilegios de la nobleza, y sentó las bases de la sociedad moderna.

Las mujeres francesas llevan todo eso interiorizado y se sienten libres para decirle a un hombre SÍ o NO, en función de sus preferencias. Teniendo en cuenta que el manifiesto proviene de Francia, el país donde hace tiempo se desmitificaron muchos conceptos y donde las mujeres viven con desenvoltura todo lo referente a su sexualidad, (mucho más abiertamente que en otros países de Europa y más que en EE.UU. ) como no iba a ser malentendido un escrito como el que suscriben las 100 de Francia.

Lo que ellas tienen que decirles a las americanas es, vamos a ver, esto es así de simple: si un hombre, te muestra abiertamente o disimuladamente su interés y tí él te gusta, te vas con él, o le correspondes de alguna manera y en eso no hay acoso ni nada que se le parezca. Si no te gusta, le das un no cortante y sonante, para que se entere bien él y todo su entorno. Si todavía el pelma insiste, tienes una tercera opción: hacerle un corte de mangas y dejarle con un palmo de narices, escaldado ante tu negativa. Si el sujeto, después de eso, no depone su actitud,  entonces, tienes un plan especial de acción que consiste en darle un guantazo que lo ponga en órbita como al sputnik, o denunciarle por acoso en la comisaría más cercana. O ambas cosas. Porque así entienden y defienden las mujeres en Francia sus derechos sexuales. En cualquier caso, las francesas no se quedan de brazos cruzados. El osado que se atreva, ya sabe lo que le espera.

Lo que no entienden de las americanas, por así decirlo, «lo que no les perdonan», es que denuncien los hechos ante  la opinión pública, con su eslogan asociado, lo que devalúa y frivoliza su denuncia, convirtiéndola en un acto de propaganda mas que en un acto de justicia. Un gesto que busca el escarnio del acosador, como hubiera ocurrido en la época del macartismo, o durante la caza de brujas, en la que cualquiera denunciaba a su vecino por comunista o por que sí, que persigue y estigmatiza impunemente a los hombres, que las humillaron, vejaron, bloquearon sus carreras, las toquetearon, las besaron contra su voluntad o las violaron.

Las francesas no entienden que todas la mujeres denuncien, amparándose en el repudio de la sociedad frente a ese acoso y que la denuncia sea un acto grupal, un auto de fe, en el cual  los abusos, el hostigamiento y la violación vienen a tipificarse como delitos de la misma gravedad, pero sin ninguna garantía judicial. Y no tienen que tener la misma consideración. Hay actos obscenos, graves y delitos gravísimos. 

La sociedad americana blanca mayormente, es heredera de la cultura protestante y calvinista de sus pioneros: hugonotes y luteranos. Cuando triunfó la revolución muchos británicos se estableció en la costa este, importando su moral puritana y más tarde su estricta etiqueta y moral victoriana. 

Ahora y con el tiempo transcurrido, las francesas les preguntan: ¿dónde teníais la cabeza, hijas de la gran América? ¿Por qué no actuásteis en su momento? Claro que se posicionan de partes de las víctimas, por supuesto que las francesas defienden el derecho al honor y a la reparación de todas estas actrices y mujeres. Por supuesto que están con ellas. Lo que también dicen es, ¿porqué os venís a quejar ahora?, ¿porqué no respondisteis valientemente en el mismo lugar y en el mismo momento en que sucedió? Viendo en su reivindicación, oportunismo. Sí alguna de las acosadas, se «dejó hacer» paralizada por las circunstancias, entienden que eso forma parte del aprendizaje que la profesión de actriz conlleva,  donde todo se basa en ensayo-error. Se deben contemplar los errores en los que una persona incurre como parte de responsabilidad suya, y eso no te convierte en víctima, como  tampoco una se convierte en víctima por llegar tarde a una prueba, por no ser lo suficientemente buena para un papel o por no ser lo suficientemente guapa según el criterio del director. Pretender que el camino del éxito sea para todas un camino de rosas es ridículo en sí mismo.

Las francesas piensan que es un movimiento oportunista y puritano ya que  tiene lugar en el momento actual, un momento calificado como de regresión socio-cultural en los Estados Unidos, con un gran avance de la derecha y como si entroncase directamente con el pasado. Las francesas no se dejarían pisar. Hoy ya no. Aunque seguro que hubo casos en Francia similares, particulares, hace muchos años, pero ellas, las actrices francesas, supieron cómo abordarlos. Sobretodo no victimizándose,

Ésta es la crítica cinematográfica que escribí en 2011 sobre la película de 1984,     «La mujer pública».LaMujerPublicaLaFemmePubliquedeAndrzejZulawski-1984-dualespfr-AC3182-744x456-2313avi_snapshot_003359_20120515_111135

Valerie Kaprisky, la actriz protagonista sufrió una crisis profunda por la filmación de la película que la llevó a renegar de «la mujer pública». La película es difícil, a mi entender… ideas mezcladas, oscuridad argumental, alusiones reiteradas… a pesar de que fue todo un éxito de crítica y público, con más de 1.350.000 espectadores en Francia.
La actuación en sí supuso un desgaste enorme Valérie Kaprisky, el clima denso de la película, incluso los abusos del director, vociferando hasta acongojar a una joven actriz, con constantes e inaceptables cambios en el guión que la obligaban cada vez más, la «brutalidad» en la que incurría el director demandando mayor veracidad a los actores, dejó rota (si, tal cual) a la actriz, que se arrepintió mucho de haberse dejado la piel en un personaje al que le entregó demasiado de sí misma, al que había prestado su intimidad para ser expuesta sin reservas y poder así conseguir los objetivos de la película, además de satisfacer los deseos de un director – autor que no tuvo con ella la mínima consideración.
Eso sucede cuando las actrices son muy jóvenes (¿ambiciosas?) Deslumbradas por el aura de un director importante, premiado, consagrado y se dejan llevar por él. Cuando la aspirante o la actriz formada, quiere reclamar para sí un poco de respeto, ya es tarde, ya no tiene vuelta atrás, el contrato está firmado: «Tú no puedes detener a tu capricho una producción» … «si te niegas ahora es que no eres actriz ni eres nada «… o el consabido «tú no eres nadie aún «, o el amedrentador «yo soy el director, todos me conocen» etc., etc.        ¡Qué lástima que eso no se enseñe en las escuelas de arte dramático! más les valdría ir prevenidas para saber cómo enfrentar las peores situaciones.

Pero lo que las mujeres francesas valoran es la valentía. A  las americanas las califican directamentes de tibias, cobardes, timoratas por su facilidad para el escándalo e infantiles en su búsqueda de respuesta. Este movimiento gregario busca consuelo y redención más que justicia. Está siendo usado por mujeres  victimistas, capaces de ganarse la adhesión de la sociedad solidariamente, pero actuando como colectivo privilegiado, el de las actrices de Hollywood, con sus lujos y excesos y sus sueldos millonarios. Defienden que si alguien, en cualquier momento de nuestra vida nos molesta o nos incomoda, hay fórmulas muy contundentes para dejar clara nuestra postura. La ambivalencia y la pasividad, no son soluciones admisibles.

Aceptar las opiniones disonantes dentro del movimiento feminista que no es sólido ni pétreo sino plural, contribuye a fortalecernos. Analizar racionalmente cada nuevo punto de vista sin enfrentarnos entre nosotras, nos enriquece y hace más críticas. Los enfrentamientos solo  nos debilitan y empequeñecen y no contribuyen a la buena difusión de nuestra ideología.

 

 

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